código tortuga
29 ene 2012 1 comentario
in Jugaremos... ¿al gato o al ratón?
En la noche oscura, oscura no, oscurísima, Otto intentaba ordenar sus ideas, mientras Dido hojeaba un catálogo de ropa interior para hombres lobo. En el espejo se reflejaban las ideas alborotadas sobre jaulas de Otto, y de Dido, el espejo no hacía más que extraer pensamientos demasiado privados como para ser contados. El pájaro verde fosforito, adquirido en la India, también se reflejaba en el espejo, mientras la noche cesaba dando lugar a las siete en punto, momento estrella, estrella amarilla, en que el ratón salía a comer, lo que todo el mundo sabe que comen los roedores. Entonces, el espejo se dormía suspirando (le encantaba vivir la noche) mientras la tortuga del código decía: ¿habrá Ícaro captado el mensaje?
Buenas noches Ícaro
Pepinillo y Tortuguita





ene 29, 2012 @ 04:43:30
Estoy seguro de que lo ha captado, y de hecho creo que le pasa exactamente lo mismo. Por otro lado, gran historia.
Quiero un yogurt pensaba Otto observando la tortuga del acuario amarillo que le había regalado Marvin. Súbitamente un pájaro lo miró: “Otto” parecía susurrar el muy cronopio: “Otto”…
Desde la ventana de enfrente Dido observaba junto a su espejo con forma de jaula. Hacía tiempo que conocía a Otto.
“Dido te mira junto a su espejo” susurró el pájaro. “Ahí, sí, junto a ese espejo del otro lado de la calle”
La noche se había adelantado, tan a penas eran las siete de la tarde, pero las farolas iluminaban con su luz amarilla el corretar de un ratón de campo que de cuando en cuando se paraba a mirar la luna que brillaba reflejando la luz del sol como un espejo.
“Ah, la noche” pensó ella mientras él se disponía a dar de comer a su tortuga que, en honor a aquel que quiso volar, llamó Ícaro.
La tortuga voladora miró el cielo y deseó pisar ese espejo que refleja la luz amarilla del sol. En algún sitio de la urbe Marvin marcó el teléfono de Otto: “Sólo quería desearte que descanses bien”