DISLEXIA

La dislexia es una dificultad en el aprendizaje de la lectura, con su repercusión consiguiente en la escritura, debida a causas congénitas (transmitidas hereditariamente), neurológicas o, en una mayoría de los casos, expresamente a inmadurez cerebral. El retraso en este aprendizaje debe ser, al menos, de tres años en relación con el ritmo normal y generalizado, y nunca estará producido por motivos ajenos a los ya citados, como pueden ser la mala salud, los trastornos sensoriales, el entorno social y afectivo o los errores pedagógicos.

M. Critchley señala una serie de datos que encuentra característicos en todos los trastornos de dislexia:

  • Persiste hasta la edad adulta.
  • Naturaleza peculiar y específica del defecto en la familia.
  • Mayor abundancia en el sexo masculino.
  • No existencia de serios daños cerebrales o de defectos de percepción.
  • Ausencia de psicogénesis significativas.
  • Continuo fracaso en la lectura.
  • Inteligencia normal o elevada.

Los disléxicos tienen dificultades para descomponer las palabras en los sonidos que las constituyen por lo que los disléxicos no asocian, por lo general, los sonidos con las letras correspondientes que les permitirían reconocer y leer palabras. Además, la dislexia está asociada a deficiencias de la memoria a corto plazo y las personas que la padecen suelen tener problemas de coordinación y organización.

CAUSAS:

  • Trastornos perceptivos: Partiendo de la base de un buen estado de los órganos sensoriales, especialmente vista y oído, se da en al dislexia la falta de captación correcta de signos gráficos y sonidos, confundiendo, como ya hemos dicho, sonidos o grafismos parecidos. Presentan, pues, un fallo cualitativo sensorial, que induce a la dificultad de una función simbólica normal, típica en el disléxico
  • Trastornos psicomotrices: La inmadurez cerebral que casi siempre se presenta en los niños disléxico, lleva a una correlativa inmadurez en las coordinaciones motóricas. Esto se manifiesta en la falta de ritmo, la lentitud, el mal estado del equilibrio y el sistema postural, la falta de control del tono muscular, etc.
  • Trastorno de lateralización: La educación no influye en el predominio de un lado del cuerpo sobre otro; esto es debido a la supremacía de un hemisferio cerebral sobre el opuesto. Si predomina el hemisferio izquierdo, el sujeto será diestro; si predomina el hemisferio derecho, el sujeto será zurdo. Aunque la zurdera representa algunos problemas en el aprendizaje de la lectura, se salvan con facilidad. El problema grave y real se plantea cuando no existe una literalidad definida, de manera que no hay predomino claro de hemisferio alguno; pueden utilizar ambos lados del cuerpo, sin preferencia, pero con dificultad. Es un síntoma frecuente en los niños disléxicos, creándoles problemas, sobre todo, de incoordinación (motriz, visual, etc.) que se traduce en anomalías concretas y confusionismo en el momento de leer y escribir.
  • Trastornos espacio-temporales: El niño disléxico no se sitúa correctamente en el espacio y el tiempo. Confunde las nociones arriba-abajo, delante-detrás, derecha-izquierda, lejos-cerca (en cuanto al espacio) y las de antes- después (en cuanto al tiempo). Todo ello crea errores en escritura y lectura, pues es de esta forma, fácil saltar letras al leer una palabra, percibirlas de modo erróneo, etc.
  • Trastorno de esquema corporal: M. Nieto define la gnosis corporal como “la intuición global de nuestro cuerpo en reposo o en movimientos en función de la interrelación de sus partes como en su relación con el espacio y los objetos que loo rodean. Normalmente a los 6-7 años el niño, gracias al esquema corporal que ah adquirido de sí mismo y en relación con el cual sitúa todo cuanto le rodea(le sirve de punto de referencia), no tiene dificultad para distinguir las nociones derecha-izquierda, cerca-lejos… La fuerte interrelación que guardan todas las funciones citadas   y su mal espado en los casos de dislexia, hace que se interfieran en sus consecuciones mutuas y que sea precisa una evolución simultánea para que la mejora sea real y efectiva, traduciéndose en los resultados concretos que se esperan con su tratamiento específico.

PRIMEROS ESTUDIOS DEL CEREBRO EN LA DISLEXIA:

Norman Geschwind, el neurólogo que estudio las causas de la perdida repentina de destrezas de lectura y escritura en pacientes que habían sufrido apoplejías, también estaba interesado en las personas que habían sido disléxicos toda su vida sin haber tenido ningún accidente que les hubiera causado lesiones cerebrales. Su laboratorio saco provecho de la generosidad de unos cuantos individuos disléxicos que habían muerto y donado su cerebro a la ciencia. En estos cerebros, el plano temporal de la izquierda tenía más o menos el mismo tamaño que el plano temporal del lado derecho. Normalmente, el izquierdo es mayor.

Estos primeros hallazgos de diferencias anatómicas dieron un gran espaldarazo a la idea de que la dislexia del desarrollo era un trastorno cerebral y que quizás se parecía a los casos de la denominada dislexia adquirida. Este término se usa para describir problemas de lectura que surgen tras la lesión cerebral en alguien que antes leía con total normalidad. Las diferencias anatómicas en estas personas, ¿podían ser efectos, más que causas de discapacidad lectora? Tal vez, pero desde estos primeros estudios se han evidenciado diferencias cerebrales existentes incluso desde antes del nacimiento. El sucesor de Geschwin en Boston, el neurólogo Al Galaburda, advirtió que pequeños grupos de células nerviosas del cerebro disléxico no estaban en el lugar correcto. Durante el desarrollo temprano del cerebro, algunas células habían deambulado hasta la capa superior de la corteza y eran visibles como cicatrices diminutas. Estas cicatrices eran habituales en las regiones temporales mediales, el centro del sistema de lectura, que también se ocupa del procesamiento del habla. Es posible que las cicatrices tengan algo que ven con las causas tanto de la dislexia como de los deterioros motores, auditivos y visuales.

En estudios anatómicos de neurología con personas dislexicas se han observado otras anomalías cerebrales. Uno de los resultados más sistemáticos es que la capa de sustancia blanca, que se encuentra debajo de la superficie cerebral y contiene todas las fibras cubiertas de mielina que conectan los nervios, es más delgada en el sistema de lectura del cerebro de los disléxicos. Quizás haya conexiones más débiles entre las tres regiones del sistema de lectura mas que anomalías especificas en las regiones mismas.

EL CEREBRO DISLEXICO DURANTE LA LECTURA:

En varios estudios de neuroimágenes realizados en el Reino Unido y los EEUU se ha apreciado que, durante la lectura, los disléxicos presentan una menor activación en los principales componentes del sistema de procesamiento de la lectura y el habla del hemisferio cerebral izquierdo. Quizá la demostración mas notables procede de un estudio con disléxicos adultos a quienes se les pidió que pronunciasen en alta palabras muy sencillas y familiares que podían leer con precisión mientras estaban tendidos en el escáner. Estos disléxicos formaban parte del importante trabajo europeo llevado a cabo por Eraldo Paulesu, Jean-FranÇois Demonet y Uta Frith, de Italia, Francia y el Reino Unido, respectivamente. El estudio mostraba por primera vez que las dificultades subyacentes en fonología son las mismas con independencia del lenguaje.

Tal como se aprecia en la figura 6.5, al margen del lenguaje, los lectores disléxicos exhiben una menor activación en la más posterior de las tres regiones principales del sistema de lectura del hemisferio izquierdo. En otros estudios se han obtenido los mismos resultados. Recientemente, Eamon McCrory, Cathy Price y sus colegas, de la Universidad de Londres, advirtieron que esta región estaba menos activa en los disléxicos incluso cuando solo tenían que nombrar imágenes. Esta área de la forma de las palabras esta vinculada al procesamiento de la forma y el sonido de la palabra completa. Es esta el área que se identifico como especialmente importante en los idiomas ingles y francés. No es de extrañar, por tanto, que, cuando aprender a leer, los disléxicos ingleses y franceses sufran más que los disléxicos italianos. Estos últimos pueden aprender a leer y escribir correctamente sin que quizás nunca nadie sospeche que son disléxicos. De todos modos, sus dificultades son reales, aunque permanezcan ocultas: en comparación con sus iguales, leen más despacio, su memoria verbal es peor, y les resulta difícil realizar tareas que ponen a prueba su capacidad para procesar sonidos del habla.

Se llevaron a cabo escáneres cerebrales en voluntarios del Reino Unido, Francia e Italia mientras leían. Durante la lectura normal, están activadas tres partes del sistema de lectura del hemisferio izquierdo, lo que se aprecia en la imagen superior. Tal como vemos en la imagen central, en los disléxicos solo están activadas dos áreas. La principal diferencia entro los dos grupos se observo en la tercera región del sistema de lectura, en la corteza temporal, que parece en la imagen inferior. Los disléxicos de los tres idiomas exhibían la misma disminución de actividad en esta región, la cual desempeña un importante papel en la comprensión de palabras enteras.

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