El sueño ha cambiado…

Había hecho un viaje muy largo para estar donde estaba. Tan solo un bolso con lo imprescindible (dinero, DNI…) la acompañaba, vestida con sus botas grises, medias azules y vestido negro. Apenas había llegado, en taxi, como no, sino se hubiera perdido, y ya se cruzaba con su primer obstáculo. No quería llamar al portero automático, quería que la sorpresa fuera única. Así pues, esperando y esperando, no tuvo que esperar demasiado ha que un vecino entrara. Al parecer en las grandes ciudades, la gente llega a casa a las doce de la noche, por que la calle estaba radiante y bulliciosa. A la invitación de “¿entras?” respondió que si, educada. Subió las escaleras placidamente mientras se desprendía del coletero que aprisionaba su cabello, para desprender los rizos sobre sus blancos hombros, cuan si de una cascada de agua se tratara.

En un abrir y cerrar de ojos, ya estaba frente a la puerta, y no podía controlar el cosquilleo en sus tripas, las mariposas, ni el temblor de su dedo índice buscando el timbre. Intento aprisionar sus nervios. No quería ponerse roja. Ni siquiera sabía si estaba bien lo que estaba haciendo, si de algún modo repercutiría en algo. Pero se justificaba diciendo que ha diario hay gente que comete esta clase de locuras, y ella ansiaba hacerlo, de verdad lo deseaba. Así que llamo al timbre. No se oyó un “ya voy” ni un “quien es” ni nada por el estilo. Simplemente ahí estaba el; ella se lanzo a besarlo elevándose ligeramente de puntillas durante un largo instante. Si no hubiera sido el, hubiera hecho exactamente lo mismo, colocándose posteriormente en la situación incomoda de no haber besado a quien debía, ya que estaba tan tensa esperando para besarlo nada mas abrir la puerta que no tuvo tiempo de comprobar quien era. Por suerte, las circunstancias le fueron favorables y se trataba de quien debía. Tras ese beso fugaz y sin saber si el la había reconocido, continuo besándole ya mas apasionadamente obligándole a entrar en la estancia y cerrando sutilmente la puerta con el pie, mientras liberaba sus emociones, y se extasiaba con un placer algo confuso.

Hubo un instante en el que el separó sus labios de los de ella, lo cual le dolió profundamente, para preguntar: -¿Qué haces aquí?- con cara de asombro y quien sabe que mas (solo cabe el suponer). A lo ella, colocando su dedo índice sobre su boca, dijo:-¿Por qué te esfuerzas tanto en hablar, cuando lo único que deseo es beber de tus labios?- Y volvió a besarle, dejando el bolso en el suelo, y desprendiéndose del angosto abrigo que en ese momento no hacia otra cosa que robarle el aire. Nadie volvió ha hablar, no eran necesarias las palabras, solo el latir de la sangre por las venas, las caricias, los suspiros acompasados, y otras delicias imposibles de explicar. Sabemos como comenzó, y sabremos como acabó diciendo que cuando los rayos comenzaban a entrar por la ventana, ambos yacían, mas desnudos que vestidos, durmiendo sobre lo que habría sido la cama.

Ella, de sueño ligero, despertó antes que el, tal lo planeado. No podía quedarse ni un segundo más. Debía volver de inmediato, así pues, recogió como pudo sus pertenencias sin hacer ni un solo ruido, y busco el baño, ¿Dónde estaría el baño?, aunque por suerte, al segundo intento lo encontró. Se quito los restos de maquillaje del día anterior, se coloco bien el pelo, sin necesidad de cepillarlo y volvió al salón. Y entonces, cuando llego a la puerta, dispuesta a salir… dio media vuelta. No podia irse, no queria irse. Dejo el bolso, volvio a la habitacion y se tumbo silenciosamente abrazandolo de nuevo,  sintiendolo de nuevo.

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"¿No será acaso que esta vida moderna está teniendo más de moderna que de vida?

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