1. Cuaderno de bitacora

•10 Febrero 2010 • Dejar un comentario

(no me funciona la tecla de acentos)

Bueno, el caso es que en la facultad nos han mandado que a lo largo del curso llevemos a cabo un “cuaderno de bitacora” lo cual viene a ser un blog propiamente dicho, para que nos vamos a engañar. Visto que ya suficiente trabajo me da este, he decidido ir escribiendo aqui mi “cuaderno bitacora” que por lo visto va a ser mas un “diario” o un “cuaderno de paranoias”. Otro punto es que si hay algo que queremos escribir pero que no queramos que vean los profesores, ya que iran comprobando que lo llevamos a cabo, tendremos que crear un “subcuaderno de bitacora”… bueno, manos a la obra!

Actualmente mi cancion favorita!!

•10 Febrero 2010 • Dejar un comentario

LA PLAYA

•26 Enero 2010 • Dejar un comentario

La playa, hacía tanto que no veía la playa, que una felicidad indescriptible la inundó. Dejó el bolso y la maleta abandonados en la arena y mientras corría hacia la orilla marina se iba quitando las botas.

Se tumbó sobre la arena dejando que las olas acariciaran su suave piel, y que el vestido que llevaba se le empapara. Cada caricia la extasiaba más.

-         ¿Qué haces?- le preguntó esa voz tan conocida.

Ella sonrió, se levantó de un salto y se fue adentrando  en el mar, hasta que el agua le llegaba a la cintura.

-         Ven- le gritó.

No hacía falta suplicar. En un minuto él ya la acompañaba. Se miraban, se sentían tan lejos el uno del otro que no pudieron evitar acercarse mientras el mar temblaba a su alrededor. Llegaron a estar tan cerca que cada caricia les sabía a miel. El le acarició la mejilla a lo que ella respondió besándole suavemente. El vestido se le pegaba a las piernas mientras se rozaban.

Tanto placer le estaba haciendo perder la cabeza, quería, deseaba que él suspirara como ella. Besando su cuello no pudo evitar deslizar su húmeda lengua por su oreja, suavemente, y luego morderle ligeramente el lóbulo… El se retorció entre sus brazos. Le acariciaba la espalda en un abrazo intenso y no podía evitar querer clavar sus manos en su sensual piel. Le arañaba con una ternura inexpresable mientras su corazón latía a lo largo de todo su cuerpo. Los suspiros se convirtieron en intensos y extasiantes sonidos, el placer era mutuo. Sentía desde la arena bajo sus pies hasta el agua y las manos acariciando sus senos. No podía parar de besarlo, suavemente y después tan apasionadamente que temblaba… Él no podía dejar de gemir mientras ella se apretaba cada vez más fuerte contra su cuerpo, hasta unirse en uno solo.

EL ENCUENTRO

•14 Enero 2010 • Dejar un comentario

Había esperado tanto este momento que el saber que le quedaban todavía tres horas de vuelo se le hacia tremendamente insoportable. Había tardado horas en decidir que ponerse, y ya llevaba días pensando en qué decir, cómo actuar, sin encontrar todavía la respuesta perfecta.

El avión despegaba, no era la primera vez que montaba en uno de esos grandes inventos del hombre, pero no podía evitar meditar, como en cada paso que daba en su vida, en qué ocurriría si el avión se estrellaba estando ella tan cerca de palpar por primera vez la felicidad.

Cada minuto se le hacia eterno “ha este paso llegaré mañana” pensaba. Tal vez, sino hubiera tenido que esperar en el aeropuerto cinco horas para embarcar, sus pensamientos no se volverían tan grises. Pero el reloj corría.

“¿Qué estará haciendo ahora?” pensaba. “¿Se acordará de ir a recogerme?”

Poco le importaba el hecho de vagar sola por una ciudad nueva, pero el no poder verle le aterraba en lo más profundo de su ser.

Intentando conciliar un sueño imposible a las cinco de la tarde, sin quererlo, siguió meditando sobre qué hacer llegado el ansiado momento.

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Desde su habitación le llegó el sonido de la estruendosa melodía que tenía en su móvil “¿por qué siempre olvido cambiarla?” Pensó.

“El vuelo se ha retrasado cinco horas, llegaré tarde, pero llegaré” le comunicaba el mensaje.

Ya había salido el avión, hecho que le tranquilizaba, pero el tener que esperar todavía tres horas le carcomía las entrañas. No sabia porque sentía eso, apenas la conocía, nunca la había visto, pero en lo más profundo de su ser sentía que la conocía más que a si mismo.

Tenía ganas de ver si su voz era tan melodiosa, su sonrisa tan grande, y sus abrazos tan cálidos como siempre había imaginado. La noche anterior apenas había dormido, y para pasar el mal trago de la espera, decidió poner la alarma y dormir un reparador sueño. Cinco minutos después, ¿cinco minutos? No, dos horas y media; tanto sueño tenía que el tiempo había pasado sobre él sin apenas sentirlo.

Poniéndose sus zapatillas favoritas y una camiseta y pantalón cualquiera, salio de casa camino al aeropuerto. Cuanto más se acercaba, más revoloteaban sus tripas ¿Serían mariposas? Tal vez no fuera nada.

Entró en el aeropuerto buscando la puerta 301, cuando, sentada en un banco, iluminando la sala estaba ella, con un vestido de tela estampada que recordaba a la primavera, unas botas altas marrones y una melena que le tapaba el hombro izquierdo y serpenteaba por su fina silueta. Allí estaba, mirándole como si fuera el único hombre de la tierra, a lo que, dejando equipaje, bolso y demás atrás, salio en estampida con la cara hechizada por la felicidad, se abrazó a él como a una piedra, y acercando sus dóciles labios a su oído, entre susurros dijo “hola”.

No era un buen día para Margueritte

•13 Enero 2010 • Dejar un comentario

No era un buen día para Margueritte. Preguntándose si ciertamente las mujeres eran como olas que subían y bajaban según su estado de ánimo, había “hecho pirola” refugiándose en el baño mismo de la facultad, donde sentada sobre un inodoro llevaba más de quince minutos llorando amarga y silenciosamente. En ese transcurso de tiempo, voces conocidas y no tan conocidas habían inundado y abandonado la sala, pero eso poco podía importarle. Sólo escuchaba el latido de su corazón que tras cada suspiro y sollozo resonaba estruendosamente. Parecía que esa cascada de lágrimas sin sentido, o con el sentido más importante de todos, el de la desdicha, no iba a cesar nunca, que ese torrente de amargura no desaparecería, aunque lo siguiera escondiendo como tan eficazmente había logrado con risas, y una felicidad tan contagiosa como ella misma, si, en este punto, hacer felices a los demás era lo único que le ayudaba a seguir viva.

No era feliz. Actuar siempre se le había dado bien y por tantos años, bien merecido le sería un Oscar. Al punto de llevar media hora, minuto más, minuto menos, decidió pensar en otra cosa, cualquier banalidad sin sentido que le sacara del frío hoyo en el que había caído, y secándose las últimas lágrimas, percatándose al mismo tiempo de no oír sonido alguno al otro lado de la puerta, la abrió sin más preámbulo.

Al salir se dio cuenta de su error, si había alguien, uno de sus compañeros de clase con el que poco más unas palabras y alguna que otra mirada había compartido a lo largo de seis meses. Uno que no especialmente le había llamado la atención por su bien demostrada brusquedad al hablar y actuar. No le consideraba tonto, simplemente, aunque le duela pensarlo, algo mediocre. Tal vez por no ser igual que ella. El caso es que ahí estaba, seguramente haciendo también “pirola”, y mirándola a los ojos atisbando la rojez extraña de estos.

- Hola- dijo Margueritte. ¿Qué más podía decir? Intentó, aunque tarde, apartar la mirada y dirigirse al lavabo a limpiarse la cara.

- ¿Estás bien?- Preguntó él. No estaba fumando. Sólo estaba apoyado en la escalera que tan extrañamente habían situado en el centro de los baños.

- Si- contestó ella. De nuevo, qué decir sino, pensaba.

Margueritte dio la vuelta para dirigirse a la salida de ese tenso ambiente, cuando Chris se le acercó bruscamente y la abrazó entre sus grandes brazos durante lo que serían los segundos más largos de su vida. Después, la separó de si sujetándola por los hombros, y así pues, obligándola contra su voluntad a mirarle nuevamente a los ojos, mientras él, haciendo lo que parecía un inmenso esfuerzo, comenzó a hablar.

-Sé que lo nuestro sólo existe en mis sueños, que tú nunca serás mía y yo nunca seré tuyo, que lo nuestro, se mire como se mire, es imposible, por mucho que lleve amándote desde el primer día que nos miramos. Pero también sé que si vivo es por ti, que si vengo cada día a la facultad es para poder verte, y aunque de lejos, escucharte, para poder sentirte, para que me inundes con esa felicidad con que inundas a todos los que te conocen cada día que te tienen.

Tras decir esto hizo una pausa que a Margueritte le pareció eterna. Nunca le había oído hablar así, era sorprendente como su idea de él había cambiado tan radicalmente en unos segundos. Pero después de salir del hoyo esta situación era demasiado para ella, por lo que, sin desearlo, las lágrimas comenzaban nuevamente a brotar de sus ojos. Chris le robó una con el dedo, y ya soltándole los hombros, sabiendo que no iba a irse, continuo hablando.

- Por eso, y por todo lo demás que jamás sabría expresar, se me parte el alma al verte así, por eso cada lágrima me mata por dentro. Llevo media hora esperando por ti, intentando pensar que piensas, intentando sentir lo que sientes, sabiendo que nada puedo hacer mas que suplicarte que no estés triste, porque si tu estas triste, todos acabaremos tristes.

Margueritte no sabía que hacer, ciertamente la situación era desbordante, y dejando de mirarle, clavando la vista al suelo, apenas pudo tartamudear – yo… yo… tengo que irme- y salio velozmente por la puerta del baño, por el pasillo, por las escaleras y finalmente por al puerta de la facultad.

Adios amigo mío

•26 Octubre 2009 • Dejar un comentario

La vida cuan mariposas revoloteando

se escapa de entre nosotros sin darnos cuenta.

Un día me hablabas, me mirabas

me sonreías, y al otro

me cuesta recordar tu olor

me cuesta recordar el sonido de tu voz

me cuesta recordar la última conversación

la ultima esquina donde esperabas

con tu abrigo negro

tu cigarrillo encendido,

y tu entusiasmo a lo largo del tiempo aprendido.

Es tan fría la soledad,

tan triste el recuerdo…

Solo me queda tu recuerdo

y posteriormente, sin quererlo

como en toda muerte

el olvido.

Pero olvidarte….

olvidarte me dejaría un sabor amargo en los labios,

en cambio, al no olvidarte, muero contigo.

De que me sirve seguir llorando.

De que me sirve el consuelo.

Dolor es lo único que espero.

Solo una lagrima más.

Deseo tanto superarlo

pero no puedo…

Tantas pérdidas,

tan poco tiempo

¿Acaso la muerte juega conmigo?

O solo es un preludio de mi final destino,

sin amigos…

o el polvo,

cual será mi camino.

Ya no me quedan farolas a las que agarrarme

ya no me queda nada;

O tal vez

lo que me queda

no es lo mismo.

Que alguien me diga que debo hacer,

que alguien me saque de este mundo de sombras,

de este frío y sombrío,

asfixiante y desquiciante sitio.

El azar, el sino…

la nada en todo su esplendor,

la soledad, un suspiro.

Un adiós amigo mío.

Un adiós amigo mío…

POR SONREIR, CUALQUIER COSA

•14 Octubre 2009 • Dejar un comentario

LA INFANCIA

•14 Octubre 2009 • Dejar un comentario

Este anuncio es de los más realistas que he visto.

Los hijos siempre imitan a los padres,  sino acaban siendo exaptamente igual que ellos, es por que a lo largo de su vida aparecen muchas más personas a las que también imitan (tíos, abuelos, amigitos… sean bueno o malos). Que este video sirva de concienciación para los que todavía no se dan cuenta.

sin remedio

•14 Octubre 2009 • 1 comentario

Yo, la dura, yo la segura de mi misma; yo la que quería su espacio; la que no entendía a esas mujeres que suplicaban amor..Yo…qué hago ahora con todo eso..si estoy perdida en un mundo que fue mágico…y ahora se está perdiendo toda esa magia sin saber por qué. Qué haces cuando te dicen que eres tú la que amas más, que sabe que siempre estarás ahí para él?…Qué hacer si yo sé la teoría y no sé como llevarla a la práctica.Si en el fondo, sé que tiene razón….que siempre estaré ahí para él. En esta vida las personas adquirimos roles, y el mio con él, ya no puedo borrarlo..Soy la débil, la que llama, la que entrega, la que echa de menos…soy yo.la que nunca fui. Y creereis que lo que quiero es que él cambie..o que esto sea tan bonito y mágico como al principio…pero no…sólo quiero que no duela ver el final acercarse…y lo que más quiero..es volver a ser yo…cómo lo consigo??. Algún truco mágico…si es lo que más deseo..volver a ser yo…no se supone que tengo la magia para lograrlo?? por qué no la siento..y no la veo..

Ni que tuviera miedo…

•11 Octubre 2009 • Dejar un comentario

Ni que tuviera miedo,que podría tenerlo.

¿Por qué no decirlo? no es el caso…

La gente se aburre,

parece que solo se divirtiera al fastidiar,

¿acaso no tendrá nadie con quien hablar?,

si es así que lo busque y nos deje en paz.

Harta de pensar en ello,

harta de afirmarme que solo a mi me quieres mirar

sigo con algo de duda…

Confío en ti, pero hay algo,

no eres tu,

quizas entonces sea yo…

siempre tan paranoica…

Mas creo que es la mosca de la que no quieres que hable

la que no me deja descansar.

Te lo he dicho muchas veces mirandote a los ojos,

te lo voy a repetir una vez mas…

No veo el final

¿acaso no tendrá?


María Martinez